Maquiavelo aún goza de buena salud: Por qué Trump y Europa desmienten a Milei
En Davos, Milei decretó el fin de la política en nombre del mercado. Sin embargo, las acciones de Trump y el giro de Europa demuestran que la Realpolitik sigue mandando. Un análisis sobre la paradoja de un libertarismo teórico frente a un mundo que vuelve a Maquiavelo.
BITÁCORA & OPINIÓN
Jorge Santarelli
1/30/20263 min read


Maquiavelo aún goza de buena salud: Por qué Trump y Europa desmienten a Milei
Tiempo de lectura: 3 min.
Por Jorge Santarelli | 30 de enero de 2026.
En su último discurso en Davos, Javier Milei lanzó una de esas frases lapidarias que tanto le gustan: "Maquiavelo ha muerto". La idea central es fuerte y apunta a terminar con esa vieja separación entre la ética y la política, proponiendo que la eficiencia del mercado es, en sí misma, la única justicia válida. La lógica es simple: si es eficiente, es moral; si interfiere la política, es inmoral.
Bajo esta lógica lo que busca Milei es decretar la muerte de la política como herramienta de transformación. Se reemplaza el conflicto humano y la decisión del gobernante por la asignación impersonal de precios. Si el mercado genera desigualdades o excluidos, ya no hay una autoridad política para decir "esto está mal"; simplemente es el resultado de un orden natural y eficiente.
Lo curioso es que esta cruzada moral de Milei choca de frente con la realidad operativa de sus principales aliados internacionales. Mientras nuestro presidente predica el purismo ideológico, el mundo está girando hacia un realismo político absolutamente pragmático.
Miremos el ejemplo de Donald Trump. Su reciente "Consejo de la Paz" es el ejemplo perfecto de que Maquiavelo goza de excelente salud. A Trump se le cuestiona que en esa mesa se sientan países con regímenes dudosos en materia de derechos humanos o calidad democrática, o que directamente pasa por encima de las Naciones Unidas, siendo una especie de organismo paralelo. ¿Cuál es la respuesta de la Casa Blanca? "Los necesitamos" o “de esta forma resolvemos los problemas de paz”. Para lograr esos objetivos —la paz o la estabilidad— no importa la pureza de los socios o el organismo, sino su utilidad estratégica (después será discutible los resultados, los métodos, etc. acá lo importante es que se plantea lograr resultados).
En definitiva, es la aplicación práctica de aquella máxima que Nicolás Maquiavelo plasmó en El Príncipe:
"Haga, pues, el príncipe todo lo posible por ganar y conservar el Estado; los medios serán siempre juzgados honorables y loados por todos, porque el vulgo se deja siempre coger por las apariencias y por el éxito del acontecimiento."
Trump entiende lo que Milei niega en su discurso: el gobernante no siempre puede ser "bueno" en el sentido ético tradicional si quiere ser efectivo en el ejercicio del poder -en este caso en el plano internacional-. La defensa de la industria norteamericana a través de aranceles y bloqueos es otro ejemplo. Ahí no manda el libre mercado; manda la decisión política de proteger el interés nacional.
Lo mismo podemos observar en Europa. Friedrich Merz, el canciller alemán, acaba de admitir en el mismo foro que la burocracia técnica de la UE los asfixió. Se dieron cuenta tarde de que dejar todo en manos de tecnócratas y reglamentos —intentando evitar la "discrecionalidad política"— fue un error. Ahora piden volver a la política, a la capacidad de decisión.
Es francamente paradójico que Milei le hable al mundo desde una teoría donde la política es una molestia innecesaria, en un momento en el cual las potencias están utilizando la política como herramienta para ordenar o administrar el caos.
Maquiavelo no murió. Lo que sí murió es el globalismo en Davos. Como lo venimos planteando: el alineamiento automático está llevando a Argentina a contramano de donde va el resto del mundo. A veces solo hace falta un Príncipe que se anime a ensuciarse las manos.
Referencias:
Ámbito Financiero. (21 de enero de 2026). Javier Milei habla en Davos tras el discurso de Donald Trump. Recuperado de: ambito.com
Maquiavelo, N. (1532). El Príncipe. Capítulo XVIII: "De qué modo los príncipes deben cumplir sus promesas".
